Dos mandos, un sofá y cero respiros
A las dos horas de juego ya estábamos agotados… pero con esa sonrisa tonta de “ok, otro nivel más y nos vamos”.
En menos de una noche habíamos pasado de surfear por un túnel de neón en hoverboard a torear trolls en medio de una ciudad medieval y a morir como veinte veces intentando sincronizar un salto en split-screen que parecía fácil… hasta que había que hacerlo de verdad.
Split Fiction no te pregunta si estás listo: te agarra de la mano (y del mando) y te lanza de cabeza a un buffet libre de ideas jugables, enlazando mundos de ciencia ficción y fantasía al ritmo de la relación entre Mio y Zoe, dos escritoras atrapadas dentro de sus propias historias.
Tras unas 17 horas de juego, la sensación es clara: es de esos juegos que te recuerdan por qué jugar acompañado sigue siendo insustituible.
Un multiverso de sci-fi y fantasía que nunca se recicla
La premisa es sencilla de explicar y difícil de olvidar:
Mio escribe ciencia ficción, Zoe escribe fantasía, las conectan a una máquina para robar sus ideas… y todo explota. Terminan atrapadas en una simulación donde sus mundos se mezclan y glitchéan, obligándolas a cooperar para escapar del invento de una editorial sin escrúpulos.
Lo que impresiona no es solo el concepto, sino cómo Hazelight lo usa como excusa para bombardearte con escenarios y estilos visuales:
- Ciudades cyberpunk con autopistas aéreas y coches voladores.
- Bosques imposibles con dragones bebé en el hombro.
- Laboratorios futuristas llenos de luces y partículas, dignos de demo técnica de Unreal Engine 5.
- Mundos inspirados en “Side Stories”: ideas infantiles de las protagonistas convertidas en niveles completos.
Nada parece de relleno. Muchos juegos reciclan escenarios hasta el cansancio; aquí, cada mundo nuevo trae identidad visual propia, reglas nuevas y un gimmick diferente, como si fueran mini-juegos AAA cosidos con coherencia emocional. No es solo “bonito”: es coherentemente caótico, al servicio de esa fantasía de estar literalmente viajando entre géneros.

En PS5, el paquete entra por los ojos: resolución dinámica cercana a 4K a 60 fps estables, según análisis técnicos de Digital Foundry y otros medios, algo que mi experiencia confirma: cero tirones, incluso en las secuencias más locas a pantalla dividida.
Cooperar o morir (de risa): el diseño que hace que hablar sea obligatorio
Split Fiction sigue la línea de A Way Out y It Takes Two: cooperativo obligatorio, siempre en pantalla dividida, ya sea en local o online. No hay IA que te salve si tu compañero decide trolear o mirar el móvil.
Lo que lo hace especial es cómo cada nivel inventa una mecánica nueva y la exprime justo lo suficiente:
- Un mundo te da poderes asimétricos: uno manipula el tiempo, el otro el espacio.
- En otro, uno pilota mientras el otro resuelve puzles en tiempo real con información visual distinta.
- De repente estás en una sección tipo shooter, luego en sigilo, luego en un mini rhythm game, luego en plataformas hardcore.
El riesgo de tanta variedad es que algo se sienta medio crudo, pero sorprendentemente todo está pulido: la mayoría de críticas coinciden en que las mecánicas, aun siendo “prestadas” de otros géneros, se sienten claras, responsivas y bien explicadas.
Desde el lado más “humano”:
- La montaña rusa jugable engancha muchísimo. No hay ratos largos de “más de lo mismo”.
- La comunicación es constante, del “donde chingao andas?” al “¡1, 2, 3, SALTA!”.
- Y sí, habrá discusiones cariñosas del tipo:
— “Te dije que contaras hasta tres, no que saltaras en tres…”
Para mucha gente, esta exigencia coop es su mayor virtud. Pero también es justo decir que si tu compañero se frustra fácil, el juego puede volverse tenso. Es increíble, pero no es “relajado”.
Una historia meta sobre creatividad… que funciona porque la vives entre dos
Narrativamente, Split Fiction juega en dos capas:
La “macro” sobre explotación creativa y robo de ideas mediante tecnología, muy en sintonía con conversaciones actuales sobre IA y propiedad intelectual.
Y la “micro”, sobre Mio y Zoe aprendiendo a confiar la una en la otra.
No es un drama profundo al estilo walking simulator, pero sí tiene corazón:
- Mio, cínica y desconfiada.
- Zoe, impulsiva y soñadora.
- Un villano CEO que parece salido de un meme de “evil publisher” pero encaja con el tono ligero.
Lo mejor es cómo la historia se refleja en el diseño: cuando su relación mejora, los niveles cooperativos se vuelven más sincronizados y espectaculares, con momentos donde literalmente solo sobrevives si confías a ciegas en tu compañero.
No todo es perfecto: algunos críticos han señalado que el mensaje sobre explotación creativa puede ser algo obvio y que ciertos personajes secundarios se sienten subdesarrollados.
Pero el conjunto funciona porque lo importante no es solo lo que te cuentan, sino lo que haces con otra persona para llegar a los créditos.
Música, efectos y voces: el pegamento emocional de la experiencia
En un juego tan variado, el sonido podría haber sido un caos… y es justo lo contrario: es el pegamento que une mundos que visualmente no tienen nada que ver.
- La banda sonora salta de sintetizadores a orquestaciones, pero siempre con melodías claras que se te quedan un rato.
- Los efectos acompañan perfectamente la sensación de “parque de atracciones jugable”: cada habilidad nueva tiene un feedback sonoro propio.
La actuación de voz también merece mención especial: Kaja Chan (Mio) y Elsie Bennett (Zoe) sostienen la relación central con matices que evitan el cliché fácil “seria vs payasa” y la llevan a algo un poco más humano.

No es un juego que viva o muera por sus diálogos, pero cuando llegan los momentos intensos del final, se sienten ganados porque has escuchado a estas dos chocar, bromear y apoyarse durante horas.
Horas de juego, Side Stories y relación calidad-precio
Con unas 17 horas para terminar la campaña cooperativa pegando bastantes Side Stories, el juego se siente redondo: ni alargado artificialmente ni excesivamente corto para el tipo de producción que es.
Puntos clave a nivel de valor:
- Duración base: unas 12–18 horas según lo completista que seas.
- Side Stories: pequeños mundos opcionales basados en ideas antiguas de Mio y Zoe; muchos son joyitas de diseño que aportan variedad real, no solo coleccionables.
- Rejugabilidad:
- Cambiar de personaje cambia bastante la experiencia.
- Ideal para volver a jugar con otra persona diferente.
- Precio: en torno a los 40–50€, con descuentos frecuentes en EA / Steam / consolas.
Además, el famoso Friend’s Pass permite que solo uno compre el juego y el otro se una gratis online, más crossplay completo entre plataformas. Eso, combinado con la ausencia de microtransacciones, hace que el paquete sea muy fácil de recomendar desde la cartera.
¿Hay “grind”? No en el sentido tradicional. No vas a farmear niveles ni repetir secciones para subir stats: aquí la “progresión” es aprender a jugar mejor en pareja.
Conclusión: el nuevo estándar del cooperativo moderno
Split Fiction es de esos juegos que, cuando acaba, te deja la pequeña depresión post-créditos… pero también la sensación de que acabas de compartir algo especial.
Hazelight coge todo lo aprendido en A Way Out e It Takes Two y lo lleva un paso más allá: más variedad, mejor ritmo, una premisa más actual y una ejecución técnica impecable.
Si tienes al menos una persona en tu vida con quien puedas coordinar horarios y risas, Split Fiction no es solo “otro buen co-op”: es el cooperativo que va a marcar el listón de 2025.
Y sí, prepárate: la próxima vez que veas a tu compañero de juego, será imposible no soltar un “¿nos echamos un capítulo más?”…