Una fórmula conocida, sí, pero ejecutada con tanta precisión que cuesta soltar el control.
- Puntuación global: 85/100 – Muy recomendado
- Jugado en: PS5
- Para quién es: Fans de los metroidvania tipo Hollow Knight u Ori, amantes del plataformeo exigente, cazadores de coleccionables y jugadores que disfrutan exprimir un mapa al 100%.
- Para quién NO es: Quien odie repetir secciones difíciles, se frustre con picos de dificultad o solo quiera un “hack & slash” sin pensar demasiado.
Un salto que parecía imposible… hasta que deja de serlo
Hay un momento en Prince of Persia: The Lost Crown que se me quedó tatuado en los dedos.
Una sección de plataformeo absurda: pinchos por todos lados, proyectiles, plataformas que desaparecen y un par de poderes de tiempo que tienes que encadenar en el orden exacto.
Las primeras diez veces ni siquiera veía la mitad del recorrido.
Después de múltiples intentos, lograba llegar al final… y me caía en el último salto.
Cuando por fin lo hice perfecto, sin tocar el suelo, sentí esa catarsis que solo dan los juegos con un reto interesante: no es que el juego se haya ablandado, es que tú te hiciste mejor.

Esa sensación de progreso real en tu habilidad, más que en tus estadísticas, es el corazón de The Lost Crown. Y es lo que hace que sus 30 horas de juego se sientan como una montaña rusa de reto, exploración y recompensa.
Un Monte Qaf que pide captura de pantalla en cada esquina
The Lost Crown es un metroidvania 2.5D que apuesta por fondos súper detallados, biomas bien diferenciados y una lectura clara del escenario.
No es solo “bonito”: es legible, que es aún más importante.
- Tendrás bosques encantados, bibliotecas gigantes, tormentas congeladas en el tiempo y fortalezas que parecen maquetas vivas.
- Los colores son agresivos pero elegantes: mucho dorado, verde esmeralda y morados que refuerzan la fantasía persa sin caer en el cliché.
Lo mejor es cómo el diseño del mapa se integra con la exploración.
Mount Qaf está lleno de desvíos que gritan “ven por aquí” y casi siempre te premian con algo útil: amuletos, fragmentos de vida, mejoras de poción o simplemente lore.
Y luego está el detalle que todo metroidvania debería copiar:
Puedes hacer una captura de pantalla del escenario y “pegarla” en el mapa como recordatorio visual. ¿Viste una puerta extraña o un puzzle que aún no puedes resolver? tomas su foto y sigues, después en el mapa podrás ver esa foto. No dependes solo de iconitos genéricos.
Es una de esas ideas pequeñas que, cuando la usas, te preguntas cómo nadie más lo hizo antes.
Combate preciso, poderes temporales y jefes que no regalan nada
El combate arranca sencillo, pero se convierte en un sistema muy fino de ritmo y lectura:
- Golpes ligeros y pesados con Sargon.
- Parrys que no son opcionales: muchos enemigos y jefes prácticamente te obligan a dominar el contraataque.
- Esquivas justas, con invencibilidad, que se sienten deliciosas cuando atraviesas un ataque gigante al frame perfecto.
Conforme avanzas, se suman las habilidades temporales: dashes, marcas de sombra para teletransportarte, manipulación de elementos del escenario… y todo eso se usa tanto en combate como en plataformeo.
Algunas secciones de plataformeo son duras de verdad. No basta con entender qué hacer; necesitas memoria muscular y repetir hasta que los dedos respondan solos.
La buena noticia es que, una vez que dominas el combo de poderes, esos saltos que parecían imposibles se vuelven casi automáticos. Es muy satisfactorio.
En PS5, el juego va a 4K y 60 fps. Eso se nota muchísimo en la precisión del input: los parrys y dashes se sienten exactos, y el plataformeo castiga tus errores, no los de la máquina.
¿Pega a veces demasiado fuerte?
Sí, hay jefes y retos que parecen diseñados más para los perfeccionistas que para quien sólo quiere ver la historia. Pero al menos hay opciones de accesibilidad y dificultad para ajustar un poco la experiencia.
Una historia clásica envuelta en mitología persa moderna
Narrativamente, The Lost Crown no intenta reinventar la rueda, pero sí le pone sabor:
- Controlas a Sargon, un guerrero de élite que debe rescatar al príncipe Ghassan dentro de un Monte Qaf retorcido por el tiempo.
- Hay traiciones, juegos temporales, dioses, bestias míticas y suficiente drama palaciego para mantenerte enganchado.
Los personajes secundarios tienen buenas ideas, aunque algunos arcos se sienten algo desaprovechados, especialmente ciertas figuras femeninas que podrían haber tenido más peso en la trama.
Los diálogos se mueven entre lo épico y lo ligero, con algún que otro comentario que humaniza a Sargon sin convertirlo en un chiste andante.
No es una narrativa que vaya a redefinir el medio, pero sí consigue algo importante: te da motivos para seguir avanzando más allá del simple “llenar el mapa”.
Un soundtrack que mezcla Persia, sintetizadores y épica moderna
En el apartado sonoro, el juego juega fuerte:
La banda sonora corre a cargo de Mentrix y Gareth Coker (el mismo de Ori and the Blind Forest y Halo Infinite), y se nota en cómo mezcla instrumentos persas, orquesta y elementos electrónicos.
- En los jefes, la música se dispara en intensidad y parece acompañar tus patrones de ataque.
- En la exploración, suele ser más ambiental, a veces tan sutil que puede pasar desapercibida, pero mantiene el tono místico del Monte Qaf.
Los efectos de sonido también trabajan a tu favor:
El “cling” del parry perfecto es casi igual de adictivo que el sonido de recoger un nuevo amuleto.
El doblaje cumple, sin ser sobresaliente, pero lo suficiente para que los personajes no se sientan planos.

Y ojo: el juego ha sido reconocido específicamente por su universo sonoro en premios importantes como los Pégases franceses, donde ganó, entre otros, el galardón a mejor universo sonoro.
¿Un metroidvania para platinar o solo para pasar la historia?
De base, Prince of Persia: The Lost Crown ronda las 15–20 horas para terminar la campaña, y unas 20+ si quieres el 100% con todos los secretos y coleccionables.
En nuestro caso, con unas 30 horas, logramos platinar el juego, el juego esta hecho para el jugador quea:
- Explora cada esquina del mapa.
- Se desvía siempre que ve un camino alterno.
- Se engancha al coleccionismo, porque cada desvío suele premiarte con algo útil (no solo “basura para completar lista”).
La rejugabilidad viene sobre todo de:
- Limpiar el mapa al 100%.
- Volver a retos de plataformeo sabiendo que ahora eres mucho mejor jugador.
- Experimentar con diferentes amuletos y builds de combate.
¿Vale lo que cuesta?
Si te gustan los metroidvania y el plataformeo desafiante, sí, sin duda.
Es un juego que exprime bien tu tiempo, y en PS5, encima, lo puedes encontrar en ofertas o incluso en servicios como PS Plus en ciertos momentos, lo que refuerza aún más su relación calidad/precio.
Pros y Contras rápidos
Lo mejor
- Plataformeo exigente pero justo, que recompensa la práctica y la memoria muscular.
- Combate preciso y expresivo, con poderes temporales que también se integran en los puzzles.
- Mapa lleno de desvíos interesantes, ideal para coleccionistas y exploradores.
- Rendimiento excelente en PS5, con 4K y hasta 120 fps.
- Banda sonora única que mezcla orquesta y sonoridades persas modernas.
Lo que puede frustrar
- Picos de dificultad en ciertos jefes y desafíos que pueden espantar a jugadores más casuales.
- Algo de backtracking pesado cuando el viaje rápido no está del todo a la altura.
- La historia funciona, pero podría haber explotado más a algunos personajes clave.
Conclusión: una corona perdida que merece ser encontrada
Prince of Persia: The Lost Crown no es el metroidvania más revolucionario del planeta, pero sí uno de los mejor ejecutados de los últimos años.
Es un juego que sabe exactamente lo que quiere ser: plataformeo afilado, combate preciso, exploración generosa y una identidad visual muy marcada.
Si estás buscando un título que ponga a prueba tus reflejos, te enganche al mapa y te deje con esa sensación de “yo mejoré, no mi personaje”, este viaje por el Monte Qaf merece estar en tu lista.
Y cuando superes ese salto imposible después de 20 intentos, vas a entender por qué.
⭐ Si te gustó esta reseña, quizás quieras leer:
👉 RoboCop: Rogue City – Gore, plomo y justicia metálica en la Detroit más decadente